De ilusión también se vive. O no

Últimamente he dedicado tiempo a ver alguna de las conferencias celebradas durante la pasada Retromadrid 2018. Tras las multitudinarias ediciones sucedidas desde 2010, a partir de 2014 la feria atravesó una profunda crisis que llevó a su suspensión por primera vez en veinte años e hizo temer seriamente por su continuidad. En las dos ultimas ediciones parece haber recuperado el pulso, habiendo optado los organizadores por un evento de menores dimensiones pero no por ello carente de atractivos, potenciando especialmente el área de conferencias.

Entre todas ellas, la mejor y más divertida fue sin duda la que ofrecieron Francisco Javier Peña y Francisco Javier Velasco, más conocidos por sus respectivos nombres de guerra (Utopian y Pagantipaco) como integrantes de la mejor casa de software actualmente dedicada a programar videojuegos para computadoras clásicas. De haber publicado sus obras en tiempos del Spectrum, Retroworks habría conquistado a la crítica y al público. O no. Nunca sabremos si juegos como Los amores de Brunilda o The Sword of Iana habrían quedado igual de bien con sus autores sometidos a las presiones habituales en el mundo de los videojuegos cuando éste se enfoca como un negocio. Presiones que muchas veces se traducen en falta de tiempo y que, a lo largo de la historia, han dado pie a multitud de juegos lanzados a destiempo cuando no directamente sin acabar. Porque en los negocios, todo lo que no genera dinero supone un gasto, y un juego lo es mientras se encuentra en fase de desarrollo.

En Retroworks no tienen ese problema, pero sí otros muchos que pasan desapercibidos para todo aquel cegado por la ilusión de programar juegos destinados a ordenadores clásicos y obtener una pizca de gloria, aunque sea efímera. Sucede lo mismo que con los blogs o los podcast: la inmensa mayoría dejan de actualizarse o directamente desaparecen al poco tiempo, cuando sus creadores caen en la cuenta de todo lo que implica una labor que guarda muchos paralelismos con un trabajo, además sin remunerar. Es lo que tiene negarse a ver el bosque más allá de los árboles, lo que en el caso concreto de videojuegos para ordenadores como el Spectrum acrecienta las dificultades en su gestación, ya que elaborarlos suele ser cosa de unas pocas personas con cargas laborales y familiares, cuando no de una sola.

Utopian y Pagantipaco lo tienen claro: resulta muy conveniente pararse a reflexionar antes de lanzarse a la piscina, no vaya a ser que no tenga agua. Sobre todo si el pipiolo de turno aspira a follar sin descanso gracias a la inmensa recopilación de likes en redes sociales o a comprarse un deportivo. Si parte con esa idea, lo más probable es que acabe con esto

…y con esto otro:

Lo que, obviamente, supone una desilusión. Eso si concluye el trabajo, insisto, porque cabe la posibilidad de que se le hinchen las narices perdiendo horas de juerga y sueño para al final vender 500 copias de su juego. Las mismas que ha vendido hasta ahora Retroworks de Los amores de Brunilda, lo que deja muy claro cuál es el enfoque correcto de un “negocio” cada vez más parecido al de esa gente que colecciona y expone juguetes de hojalata. Una diversión vocacional que requiere constancia, paciencia, y tener las ideas claras respecto a lo que se quiere hacer y cómo hacerlo. Algo que Utopian y Pagantipaco explican muy bien (y con mucha gracia, además) en el siguiente vídeo.

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