Cruzando el equinoccio

Los dos últimos días los he pasado jugando con Equinox. La ocasión pintaba calva porque se cumplen veinticinco años desde la publicación de un programa que supuso un punto de inflexión en la trayectoria de Mikro-Gen. La casa de Bracknell se hallaba en una situación difícil, encasillada en el éxito de su “saga Wally” y lastrada económicamente por el monstruoso fiasco de Shadow of the Unicorn. Fue entonces cuando un desconocido joven que respondía al nombre de Raffaele Cecco se presentó con un programa que llevaba la palabra “éxito” grabada a fuego, el cual mezclaba la esencia más reconocible de los famosos juegos de Wally (la necesidad de resolver pequeños puzles para progresar en la aventura, aunque muy simplificados esta vez) con uno de los arcades más de moda en ese momento: el Starquake de Stephen Crow.

Como vemos la idea de partida no era demasiado original, pero el talento innato de Cecco, que se estrenaba como profesional del gremio sin haber cumplido ni veinte años, fue suficiente para dar a luz un programa con marcada personalidad propia, muy bien hecho, muy bonito y muy agradable de jugar pese a su dificultad, que con todo tampoco era excesiva. La prueba es que hoy puedes echar una partida y, con un poco de práctica, llegar relativamente lejos: en mi caso completar tres niveles de ocho, lo que no está mal. El número de pantallas por nivel es reducido, como también lo es el de objetos a “puzlear”, y además es relativamente sencillo averiguar su utilidad y la forma de combinarlos. Lo peor es el adrenalítico acoso de los enemigos, más pesados que Steve Urkel con un collar de melones.

Puede que el segundo nivel sea el más bonito de todos gracias al colorido que preside suelos, paredes y techos.

En resumidas cuentas, la calidad de Equinox es tan indiscutible como su impronta de clásico. De hecho, este videojuego inauguró el periodo más febril y brillante en la historia europea del sector; un periodo de aproximadamente año y medio en el que destaca especialmente el último trimestre de 1986, que concentró el lanzamiento de una impresionante cantidad de juegazos. Basta con ojear alguna revista de la época para comprobarlo: el nivel, más que alto, era estratosférico. Que Equinox destacase entre tanto jitazo demuestra la valía de Raffaele Cecco como programador, y eso que para él lo mejor aún estaba por llegar.

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