Bodas de plata para el ZX-81

 Parece que fue ayer, pero en marzo de 2006 se cumple un cuarto de siglo, 25 años nada menos, desde la salida al mercado del venerable (y venerado) ZX-81. Considerado por muchos como el “padre” del Spectrum (máquina ésta que le debe mucho a su antecesor, y no solo en lo referente a la parte hardware) el ZX-81 llegó para sustituir al ZX-80 y suplir sus deficiencias, que eran muchas, superando ampliamente a este último en todos los aspectos. Incluido su éxito, que sirvió para apuntalar a Sir Clive en el negocio de la microinformática y le permitió expandir su mercado, llegando a vender cerca de un millón de máquinas hasta que el ZX-81 desapareció de las tiendas. Y eso que el ZX-81 tuvo una vida comercial corta a causa de la salida al mercado del Spectrum, más caro, pero también mucho más ordenador que cualquiera de los anteriormente fabricados por Sinclair. No obstante, el ZX-81 tuvo tiempo para ganarse una amplia legión de entusiastas que fueron capaces de exprimirlo hasta límites inimaginables en una máquina tan sencilla, con sólo cuatro chips en placa y un Kb de RAM. Era un ordenador muy espartano, desde luego, pero suficiente para las necesidades de los usuarios domésticos en la Europa de entonces, entre quienes se ganó una bien merecida fama de robustez a causa de su simplicidad y aceptable calidad de fabricación. Muchos de aquellos usuarios se iniciaron en la informática con él, descubriendo su futura profesión. No pocos darían posteriormente el salto al Spectrum y se convertirían en afamados creadores de videojuegos, como el mítico Don Priestley. El minúsculo “81” resultaba una birria de ordenador incluso comparado con el Spectrum, pero fue una máquina perfectamente válida, suficiente para el uso cotidiano en el hogar y tremendamente versátil: ¿cuántos juegos de ajedrez se han visto que funcionen bien en ordenadores con 1 Kb de memoria? Pues eso.

En España se vieron pocas unidades de esta legendaria máquina antes de la salida al mercado nacional del Spectrum. Al menos yo no recuerdo haber visto ninguna. Después la cosa obviamente empeoró porque los compradores, ya puestos a soltar una pastizarra para adquirir un ordenador en un país donde estos trastos eran carísimos, preferían el Spectrum a su anticuado y muy limitado antecesor. La primera vez que vi un ZX-81 fuera de una revista fue visitando una tienda de la mítica cadena de grandes almacenes Sears, en Madrid, y ya entonces hacía varios meses que yo tenía el Spectrum en casa. Hablamos de mediados de 1984, nada menos, y es muy seguro que la máquina que yo vi, más parecida a una calculadora gorda (de esas que se ven en muchas tiendas) que a un ordenador, y que un voluntarioso vendedor trataba de encasquetar a un pensativo padre de familia y a su hijo como “una opción muy barata para acceder al mundo del futuro” o algo así, fuese parte del stock remanente de máquinas que se quedaron sin vender en los almacenes de Sir Clive en Cambridge.

Tuve que esperar todavía más años para poder probar in situ uno de estos cacharros, concretamente en casa de un amigo que se lo había comprado de segunda mano. Aquella máquina me causó una impresión muy entrañable, particularmente a causa de ese extraño “teclado sin teclas”. De pequeños muchos lo habíamos considerado un elemento muy futurista e innovador (¿qué resulta más sofisticado en apariencia que un ordenador sin teclado?), sólo para darnos cuenta tiempo después que aquello no era más que una forma de ahorrar costes de fabricación. No obstante, aquel teclado y aquel aspecto “de juguete” sirvieron para dotar a este curioso artefacto de una acusadísima personalidad, pese a los defectos que ello acarreaba. Justo como después ocurriría con el Spectrum.

Placa madre del ZX-81Hasta un graduado de la ESO podría entender una cosa tan simple.

Teniendo en cuenta todo lo anteriormente expuesto, no resulta sorprendente que en Internet todavía se puedan ver muchas referencias a esta “calculadora gorda sin teclado”, la cual aun sigue generando pasiones entre sus agradecidos usuarios quienes (no puede ser menos) guardan un grato recuerdo del tiempo que pasaron pegándose con él programando o jugando.

¡LARGA VIDA AL ZX-81!

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