Aquel joystick programable

A muchos chavales de hoy la palabra “joystick” aplicada a los videojuegos les sonará extraña. No es para menos, puesto que este tipo de mando está relegado casi en exclusiva al mundo de los simuladores de vuelo, que no es precisamente el género más popular entre la mayoría de los adictos a los videojuegos. Sin embargo hubo un tiempo, tampoco hace tanto, en que la posesión de un buen joystick era obligada para muchos hardgamers si realmente querían disfrutar de su afición. Y no digamos ya si eras propietario de un Spectrum, pues la mala calidad del teclado, sobre todo en el caso de los modelos con teclas de goma, no te dejaba demasiadas alternativas. Descartados los llamados “teclados profesionales” por su precio y por la complicación que muchas veces suponía montarlos, la elección estaba entre comprar un joystick para jugar o resignarse a llevar el ordenador al taller más temprano que tarde, con el teclado totalmente destrozado por las largas horas de uso intensivo.

Extraído del número 22 de la revista ZX

«Cagondiox, ya sabía yo que tantas horas con el Decathlon no podían traer nada bueno».

Mi caso fue uno de aquellos, sin ir más lejos. Ya he comentado en alguna otra ocasión que para mí el Spectrum era un cacharro más que nada para jugar. Como también lo era para mis hermanos (aunque en menor medida, justo es admitirlo). Aquello no gustaba nada a mis padres (también justo es admitirlo), pero como vieron que poco podían hacer para evitarlo aparte de malgastar tiempo y saliva en broncas, al final se decidieron por comprarnos un joystick. Con su correspondiente interface para conectarlo al bus trasero del “gomas”, faltaría plus.

Ocurría sin embargo que a principios de los ochenta las cosas no eran tan fáciles como serían pocos años después. Mi Spectrum llegó a casa en 1983, casi al principio de la carrera comercial de este mítico chisme a cuya vera habían surgido cientos de pequeñas empresas, las cuales pugnaban por llenar los vacíos dejados por un ordenador que se vendía poco menos que “pelado” dentro de su embalaje. La cosa no variaba en lo relativo a periféricos para juegos, donde se desarrollaba una lucha semejante a la que tenía lugar en el sector del vídeo doméstico, en el que tres sistemas batallaban para quedarse con el mercado. Beta, 2000 y VHS tenían su equivalente en los videojuegos para Spectrum, con tres formatos en liza que tomaban su nombre de las empresas que los amparaban: Kempston, Protek y la propia Sinclair. El problema era que para 1983 / 84 no había un claro ganador de la carrera. Aún no eran muchos los juegos cuyo menú de opciones permitía elegir entre los tres formatos, y en muchos otros juegos, incluso comerciales, ni siquiera existía la posibilidad de jugar con joystick. Entonces la solución pasaba por adquirir un curioso aparatito como este:

Pasado y presente, juntos de la mano.

Lo que aparece a la izquierda de la imagen es un interface (o interfaz) de joystick programable, que a grandes rasgos “suplanta” el teclado del Spectrum para permitirte usar el joystick con cualquier juego, aunque carezca de las opciones necesarias para ello. Funciona mediante la programación de equivalencias en plan “mover el joystick a la izquierda equivale a pulsar la tecla `Z´; moverlo a la derecha equivale a pulsar la `X´”, para lo cual dispone de un selector con tres posiciones de las que la denominada “Normal” sirve para apagar el interfaz y borrarle la memoria (?). Las otras dos, “Program” y “Play” se describen por sí solas.

Para hacer funcionar este cacharro era preciso actuar de forma asaz peculiar: tras encender el Spectrum primero había que limpiar la memoria del interface, lo cual se hacía colocando el selector en “Normal” y moviendo el joystick en las ocho direcciones, primero con el botón de fuego pulsado y luego sin él. Acto seguido tocaba programar las equivalencias moviendo el selector a la posición correspondiente, antes de cargar el juego con el que queríamos utilizarlas. Por último sólo restaba poner el selector en “Play” y cargar el juego de marras. Existía la posibilidad de probar las equivalencias antes de proceder a la carga, merced a un pequeño programa incluido con este artefacto. Uno de sus aspectos más divertidos (y útiles) era que permitía programar combinaciones especiales, algo que venía estupendamente en juegos como Atic Atac, donde se podía usar para coger y soltar objetos con el joystick, sin tocar para nada el teclado (fuego + arriba = coger; fuego + abajo = soltar). Hasta se le podía programar un autofire y todo, perfecto para jugar con matamarcianos.

Por conservar, hasta conservo el embalaje original. Sobre gustos no hay nada escrito.

Pese a sus bondades y a que salió bastante barato (adquirido de oferta en Inglaterra junto a un Quick Shot I por la misma persona que nos había traído el Spectrum de allí), lo cierto es que tampoco le dimos demasiada caña: programarlo era un engorro que había que repetir varias veces para que todo quedase en orden, pues extrañamente a su “cerebro” le costaba entender las cosas a la primera. No pasaron ni dos años hasta que compramos, esta vez ya en España, un interfaz tipo Kempston, que por entonces se había impuesto a sus rivales como formato estándar para conectar un joystick al Speccy y liberarle de la pesada (y reiterada) carga de nuestros dedazos.

Lástima que en los 80 el concepto del reciclaje no estuviese tan extendido como hoy.

4 thoughts on “Aquel joystick programable

  1. Buf… los anios que estuve yo con un joystick que no se podia conectar con mi CZ1500, soniando con el dia que podria jugar a esas juegos con mi joystick regalado pero incompatible…

    Luego cuando tuve mi C64 el joystick se podia conectar pero era muy muy malo!!! El de C64 era muy bueno.

  2. Oye, lo de las perchas, chapó, de 10. Saludos !

  3. Jose: pues para solucionar cosas como las que cuentas nacieron esta clase de chismes, que teoricamente «tragaban» con todo. Teoricamente, repito xD.

    Xinclair: Lo de las perchas no es cosa mía, por desgracia. La foto está sacada de una web anónima, y al parecer hay una empresa que las fabrica. Molar mola un millón, eso sí.

  4. Lo de las perchas es el clímax del lirismo friki. He de hacerme con unas, pero ya!
    por otro lado, aunque oí hablar de estas interfaces nunca vi una en persona, yo sólo tuve interfaces kempston… aún sigo eligiendo este tipo de interface en los emuladores de spectrum 🙂

    Salud

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