Algo de mí se va muriendo

Por Chema Matas (StalVs).

¿Por qué una máquina, y no otra, es la que termina seduciéndote y enamorándote?

Buena pregunta. En 1983 había numerosos home computers en el mercado español. Teníamos el elitista y de ciencia ficción Commodore C64. Teníamos el más asequible VIC20, el Dragon64…y teníamos algunos oscuros sistemas que jamás triunfarían.

“Jo tío, me acabo de comprar un ordenador que es la leche y que fijo que triunfa, que me lo ha dicho Rappel”.

¿Precio, calidad, disponibilidad, difusión? Todo es subjetivo.

El caso es que una mañana de noviembre de ese feliz año, asistí en clase de prácticas a una demostración de generación de curvas de Lissajous por ordenador.

Sentado en la penúltima fila, veía en la pantalla de un pequeño televisor cómo iban apareciendo aquellas curvas que antes habíamos conseguido “dibujar” con un osciloscopio. No me lo podía creer. Cuando me acerqué a la primera fila, muerto de curiosidad, descubrí el contorno de una pequeña y graciosa máquina con unas pequeñas teclas, una banda con colores y unas formas deliciosamente sexys.

¡Era un Sinclair ZX Spectrum de 16 K!

Aquel día me gané una bronca de mi madre por llegar tarde a comer, pero unas semanas más tarde tenía una de esas máquinas en casa, con una caja de seis juegos de regalo. Jet Pac, Psst, Chequered Flag… y un viejo casete que no quería cargar ninguno.

Y al poquito descubrí una enigmática revista llamada Microhobby, llena de artículos, listados, imaginativos dibujos…

Cada número era como un libro de aventuras. Los programas de los lectores que impulsado por los comentarios e ilustraciones te animabas a teclear, las críticas de juegos, aquella sección de trucos…

Aquella  pasión fue cuesta arriba. Pasaron los meses, los años, el hardware disponible, los miles de programas, los amigos que tenían una máquina como la mía, los primeros clubs de alquiler, las partidas en casa de uno y otro…

“De esto a la drogadicción y a asaltar viejas por la calle, un paso”.

Y con esto llegaron los años 90. Cuando compré mi Amiga 500 para componer música, cansado del Spectrum como el que se cansa de ver la misma cara todos los días, lo dejé en manos de mi hermano.

Y el Speccy desapareció de mi vida.

Y con el tiempo el Amiga desapareció de mi mesa principal, pues el PC llamó a mi puerta.

Y el PC me hizo recordar que, tiempo atrás, era posible pasar buenos ratos junto a un ordenador.

Cuando recuperé mi viejo y fiel “gominolas”, había sufrido tanto que se cansó de seguir funcionando. Sus teclas machacadas, su metal negro picado, su ULA y RAM quemadas por las manazas de un hermano.

“¡Joer tronko, ej que no te imaginas lo que me sudan las manos en verano!”

Ahora tengo muchos Spectrum, muchos ordenadores, mucho software, mucha literatura, y soy inmensamente feliz. Y aunque mi viejo y fiel Gomas sigue conmigo, de cuerpo presente al menos, algo se perdió para siempre el día que me olvidé de él.

3 Responses

  1. Richie dice:

    Que grande!. Esta historia la podría haber escrito yo casi sin cambiar una palabra. Eso si, en mi caso, tras los PCs me cambie a Mac y volví a sentir esa sensación de disfrutar del uso, la estética y la magia de un ordenador que había tenido antes en el Spectrum y el Amiga (y que, por algún motivo jamas tuve con los múltiples PCs).

    Aun así, me pongo tierno en cuanto se nombra a mi querido Spectrum. Cambió mi vida y me hizo como soy hoy.

    Me encanta ver que hay mucha gente que lo mantiene vivo.

  2. dante cantabria dice:

    Entrañable articulo!!!Ke tiempos….

  3. Ozelu dice:

    Curioso el spectrum de la foto: Se ha caído la pintura, pero no se han borrado las letras rojas de la tecla Symbol Shift. En mi “gomas” fué lo primero que desapareció…

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