Que me lo den todo hecho

Ya lo dijo Bart Simpson: trabajar es de gilis. En esta santa web me lo he demostrado a mí mismo más de una vez: te pasas días enteros curándote un artículo de la hostia profusamente ilustrado, documentado y hasta gracioso y no se lo lee ni el Tato; subes fotos de gatitos acompañadas de unas pocas líneas de texto escritas con el pijo, a la carrera, y bates tu récord de visitas. Antaño me sentía un poco como esos escritores de puta madre que han de ver su obra relegada al fondo de un estante mientras una oligofrénica les peta el culo en las librerías con un dildo de siete marchas, pero ya me da igual. De vez en cuando sigo haciendo el gili porque disfruto torturando a mis lectores con artículos panfletarios de extensión equivalente a una homilía papal, lo que en Internet equivale a más de dos párrafos; pero como norma general adopto la ley del mínimo esfuerzo para actualizar la web. Y si además te lo dan todo hecho, o casi, pues miel sobre hojuelas.

“La vagancia es la máxima expresión de la elegancia”.

Un ejemplo es pillar por banda algunos vídeos molones y ponerlos en ristra uno tras otro para que el personal disfrute de lo lindo. Estos pertenecen a la demoparty X´2016 celebrada en Holanda el pasado octubre y dedicada exclusivamente al C-64. El nivel del concurso principal fue para quitarse el sombrero ante los responsables de las demos y su capacidad para exprimir los límites del micro de Commodore. También ante sus habilidades como futurólogos, anticipándose a la llegada de Donald Trump al Despacho Oval y, ya puestos, aclarar el por qué de su bizarrismo. En aspecto y comportamiento.

Amstrad explosion

La escena del Amstrad CPC está que arde en este último tramo del año, por el empeño de algunos en demostrar que la máquina comercializada por Alan Sugar a partir de 1984 aún no ha alcanzado, ni mucho menos, el cenit de su potencial. Es lo que sostienen desde hace tiempo los miembros de Batman Group, responsables de algunas de las creaciones más espectaculares lanzadas en los últimos años para el CPC, en cuya opinión el ordenador fue miserablemente desaprovechado durante su etapa comercial, siendo capaz de hacer mucho más de lo que se le suponía. A ellos pertenece la inminente y esperadísima conversión de Pinball Dreams, juego desarrollado en los noventa para máquinas de 16 bits que exhibe una pinta fenomenal en el micro de Amstrad, casi a la altura del original.

Pero ellos no son los únicos que demuestran el poder oculto en las tripas de este venerable artefacto de ocho bits: hace años el increíble sistema operativo multitárea SymbOS dejó maravillados a cuantos tuvieron la ocasión de probarlo (servidor entre ellos); y en un plano más lúdico, hace algún tiempo pudimos disfrutar una nueva versión de R-Type, magistralmente convertido al Spectrum por Robert Pape en 1988 y que en el Amstrad no pasó de ser un mero calco de aquel, encima desprovisto de su apabullante colorido. Las prisas de la distribuidora, que quería tener el juego acabado cuanto antes, fueron culpables de que los programadores se limitasen a “copiar” la versión de Spectrum aprovechando que ambos micros montaban el mismo procesador. Lejos de ser inhabitual, esta práctica era común en un escenario bastante competitivo, que obligaba a las empresas de videojuegos al lanzamiento simultáneo de un producto para al menos cuatro sistemas incompatibles entre sí. De ahí que el CPC solo pudiese enseñar músculos de manera ocasional, sobre todo gracias a firmas especializadas en estrujarlo como eran las francesas Loriciel o Infogrames, originarias de un país donde el CPC reinaba sin oposición.

Outlaws, de los españoles Retro Bytes, se encuentra entre esos juegos que, en el momento presente, sacan a la luz el potencial oculto del CPC. Flamante ganador del concurso CPC RetroDev celebrado a primeros de este mes de noviembre con un nivel altísimo entre los participantes, se trata, en palabras lisas y llanas tal como explica el autor del vídeo adjunto, de una versión de la legendaria recreativa Cabal ambientada en el Salvaje Oeste (así, con mayúsculas). El título y su traducción al castellano (Forajidos) aclaran bastante por dónde van los tiros, nunca mejor dicho. Al igual que en Cabal el objetivo es disparar a todo lo que se mueva. Cambia el arma utilizada y cambia la ambientación, pero no la calidad del programa respecto a la máquina de la que toma la idea básica: Outlaws deslumbra en todas las facetas, contribuyendo a dignificar una máquina que en su momento fue acusada no pocas veces de “lenta” y de tener más juegos de mala calidad que sus competidores. Eran críticas injustificadas, pero es que a la vista de juegos como este, tampoco ha de extrañarnos que algunos acabasen mosqueados:

Sobredosis chiptune

De vez en cuando, publicar algo sobre chiptune viene estupendamente. No ya porque me facilite actualizaciones “rápidas” para la web gracias a textos cortos y por tanto escritos en cero coma, sino porque es justo recordar que el Spectrum, pese a sus innumerables limitaciones, puede hacer cosas muy interesantes en manos de alguien que sepa sacarle partido. También en la música, terreno en el que el Speccy siempre anduvo a la pata coja, aunque los modelos de 128 Kb viniesen a colocarle una especie de prótesis gracias a su chip de sonido, idéntico al de sus coetáneos MSX y Amstrad CPC.

Entre la numerosa tropa que gusta de exprimir las posibilidades musicales del Spectrum, Zmix se encuentra entre los que más destacan. En realidad, Zmix esconde a un grupo de compositores que viene haciendo gala de sus habilidades desde hace ya algunos años, colgando su obra en Youtube para solaz de su público, numeroso a juzgar por las visualizaciones que contabiliza. Recientemente han publicado una nueva obra titulada Hard Chiptune Mix 2, que en su hora larga de duración aglutina más de una treintena de cortes caracterizados en algún caso por su llamativo título (Fucking Life, Mental Erection) y en todos por su frenético ritmo, habitual en esta clase de estofados por lo bien que encaja en unos chismes que casi todo aquel con un mínimo de oído comparaba, a la hora de hacer música, con el ruido que hace un montón de latas cuando le pegas una patada.

Pincha aquí para acceder al canal de Zmix en Youtube.

A priori, esto genera sonidos más armoniosos que un Spectrum. Y no digáis que no: fijaos en el logo del parachoques y lo guays que son las latas. 

“Maziacs” llega al ZX-80

En casos como este, la conocida frase “más vale llegar tarde que no llegar” es perfectamente válida.

El Sinclair ZX-80 es tal vez el gran olvidado en la historia de la informática doméstica, especialmente para los integrantes de la “generación mejor formada” que creen que esa historia comienza en los 90 con el PC-386 y la PlayStation. Es lo que sucede cuando se permite a deficientes mentales expresarse en los medios y hacer apología de su estupidez; un tumor que se ha dejado crecer tanto que ya difícilmente tiene alguna solución que no pase por una limpia en forma de exterminio masivo.

Pese a sus numerosas carencias, fruto de un diseño apresurado que primaba la economía por encima de todo, el ZX-80 fue el ordenador que abrió las puertas de los hogares europeos (principalmente británicos) a un mundo nuevo, adscrito anteriormente a círculos mucho más restringidos. A partir de enero de 1980, el hombre de la calle pudo disfrutar de algo que a ojos de numerosos “expertos” no estaría a su alcance por lo menos hasta cinco años después. Y encima por un precio de risa, inferior a las cien libras, lo que entonces se consideró una locura. ¿Quién querría comprar tamaño artefacto en ese momento? Los agoreros obtuvieron su respuesta (que no directamente bofetón) a los cinco minutos de abrirse en centro de exposiciones donde el nuevo producto se presentaba: dos pedidos por minuto de media. En menos de un año Sinclair había vendido 50.000, una cifra asombrosa para la época y más aún teniendo en cuenta la difícil coyuntura mundial, europea y en particular británica, ahogada por una crisis económica que parecía no iba a acabar nunca.

“Montaje a prueba de idiotas y licenciados post-LOGSE”.

En realidad, el mayor “defecto” del ZX-80 es que quedó desfasado casi de inmediato, y la mayor culpa de ello la tuvo su heredero ZX-81, lanzado en marzo del año siguiente como una revisión profundamente mejorada de su antecesor y con un precio aún más bajo, inferior a las 70 libras (o a las 50 adquirido en kit para montarlo en casa). Un paso lógico ante el “boom” experimentado por el sector, donde la creciente competencia estaba siempre dispuesta a quitarte el sitio al menor descuido, y obligado teniendo en cuenta lo problemático del ZX-80, muy válido para lo que se esperaba de él en enero de 1980, pero lastrado por multitud de problemas que enseguida hicieron fruncir el ceño a los usuarios… y a los posibles compradores. El ZX-81, una máquina mejor, más asequible, más difundida (Sinclair vendía 10 por cada ZX-80) y por tanto más popular, hizo que muchos de quienes alguna vez se plantearon iniciarse en la programación con el “viejo” 80 pasasen directamente al 81, que le dio la puntilla al desproveerlo de software nuevo casi de un día para otro.

Es el caso de Don Priestley y su Mazogs, juego del que más tarde surgiría el popular Maziacs para el Spectrum. Mazogs llegó tarde para el ZX-80, pero al ser un ordenador básicamente igual a su sucesor, una conversión “hacia abajo” habría sido tarea no solo plausible, sino también relativamente fácil de acometer. Ahora, casi 40 años después, Paul Farrow nos brinda esa conversión que los usuarios del ZX-80 tanto habrían agradecido en su momento, pues era uno de los mejores juegos disponibles para el “hermano mayor”. Hoy queda reducido a poco menos que una curiosidad porque es poco probable que vaya ser jugado en masa, pero no por ello deja de tener un valor más que estimable. Sobre todo por el empeño del autor en respetar la práctica totalidad de la versión original en el “trasplante”, siendo capaz de adaptarla al mismo tiempo para correr en un ZX-80 con la ROM original de 4 Kb, muy limitada en cuanto a funcionalidad respecto a la del ZX-81, que dispone del doble de tamaño e implementa características ausentes en el primer ordenador, además de numerosos cambios en el hardware que simplifican su diseño y agilizan su funcionamiento. El ZX-80 era tan rústico que ni siquiera disponía de la capacidad de mostrar una sucesión de imágenes con suavidad y ésta “saltaba” en el televisor de forma parecida a cuando se hace un pase de diapositivas. El símil es muy tosco, pero válido. Farrow lo explica de forma más correcta y concreta en este enlace, donde realiza un análisis del “cómo lo hise” descubriendo las interioridades de esa conversión, teóricamente fácil pero tampoco ausente de escollos, como lograr un movimiento suave en una máquina que, en teoría, no puede hacer algo así.

¡Biba el curro!

Siempre he pensado, pienso y pensaré que trabajar es una mierda y que tener que ganarse la vida trabajando, lejos de ser un orgullo como se pretende vender ahora, es una cruz. Los neoliberales que casualmente estén leyendo esto me estarán llamando de todo, pero la realidad es que si el trabajo fuese algo bueno, los ricos se lo habrían quedado todo para ellos. Ahora sólo falta que algún CEO me escriba un comentario desde su despacho para decir que de eso nanai, que él curra mucho y que no compensan los 24.000 euros que cobra por sentarse una vez al mes en un consejo de administración, que eso es muy sacrificado y que su mujer ya le ha pedido el divorcio y tal. En resumen, el trabajo es una mierda, pero hay que reconocer que disfrutando a diario cosas como esta se hace un poco menos mierda:

Este divertido (y sí, muy currado) cuadro 3D es obra del británico Ian Gleedhill, quien lo ha colgado en su despacho de trabajo en Aberystwyth, una coqueta localidad de Gales famosa por su biblioteca y sus paisajes costeros. ¿Ya hemos dicho que el cuadro es en 3D? Esta otra imagen lo deja claro:

Y antes de que nadie diga nada, no hay que confundir el trabajo con el placer. Invertir tiempo en estas cosas NO es trabajo.

Beso asesino

Candy Says es una banda de Oxford que destaca por sus originales videoclips, y en especial por este:

Kiss Kill no es un tema nuevo: se grabó en 2013 como preludio del que sería el debut del grupo en el terreno de los LPs, lanzado al año siguiente con la particularidad de ser distribuido en cinta de casete al más puro estilo ochentero. Porque otra de las particularidades que definen a Candy Says es su gusto por la época, que incluye el chiptune además del Spectrum. El vídeo fue diseñado por Matt Westcott, también oriundo de Oxford, amigo del grupo y tras cuyo alias Gasman se esconde un conocido autor de demos para el micro de Sinclair. El propio Wescott indica que utilizó material de la banda grabado durante sus actuaciones en vivo, y las “tamizó” usando un Spectrum dotado con una tarjeta SD y un reproductor especial, grabando el resultado final con la ayuda de un emulador para mejorar la calidad de imagen hasta el máximo posible. Sobre el buen resultado de su trabajo habla el hecho de que llegó a ganar premios internacionales y todo. 

A título de curiosidad, Candy Says participa en la banda sonora de Burn Burn Burn, película que acaba de estrenarse en el Reino Unido y que hace más de un guiño a la década favorita de la banda, empezando con ese Volvo 240 familiar conducido por las protagonistas.