Descenso a los infiernos

Así podría definirse a Deep Core Raider, nuevo juego para nuestro querido Spectrum obra del programador Paul Jenkinson. Tenía muchas ganas de probarlo tras ver por ahí algunas imágenes y comentarios sobre él, y reconozco que no me ha decepcionado.

Deep Core Raider se inspira lejanamente en Thrust, un sencillo pero adictivo arcade publicado en 1986 que a su vez se inspiraba en la recreativa Gravitar de Atari, aunque también recuerda un poco al mítico Lunar Lander de finales de los 70. El resultado se define por su sencillez y elegancia. Sencillez en su argumento y desarrollo, pues todo consiste en bajar por una inhóspita gruta alienígena llena de seres hostiles mientras recogemos ítems y periódicamente llenamos los depósitos de nuestra cilíndrica nave, dotada con un motor ascensional que permite compensar los efectos de la gravedad al tiempo que corregir nuestra trayectoria de forma limitada. La nota elegante proviene de una realización técnica carente de estridencias pero intachable en lo sustancial. Sobre todo en lo relativo al movimiento, que es muy suave y en lo referente a la nave protagonista obedece nuestras órdenes con notable diligencia.

El juego es, en conjunto, muy equilibrado. Sobre todo si tenemos en cuenta el buen ajuste de la dificultad. Deep Core Raider no es ni demasiado fácil ni demasiado difícil. Y además es cortito, por lo que se postula como un reto ideal para ponernos a prueba hasta que decidamos pasar a otra cosa.

Que pase el siguiente

Cuando hace un año o año y medio el Spectrum Vega preparaba su salida al mercado, nadie en su sano juicio habría previsto que aquella reformulación del mítico Speccy originaría lo que parece ser una moda en toda regla, impulsada además por el éxito. Sir Clive volvió a triunfar con la filosofía que alentó sus mayores logros como empresario (y también sus mayores fiascos): ser el primero en ofrecer productos para un mercado todavía inexistente. Así es como, en el poco tiempo transcurrido desde entonces, el Vega ha contemplado el surgimiento de un puñado de imitadores dispuestos a ampliar la senda abierta por él. Primero fue el Recreated Spectrum, más tarde el Vega+ y a ellos se unirá en breve el ZX Uno, que curiosamente es el proyecto más antiguo de todos. Pero no se vayan todavía, que aún hay más: descontando las nuevas versiones del Commodore 64 que verán la luz el próximo año, entre medias de estos últimos productos y los anteriormente citados se situará una nueva versión del Spectum, que lleva captando la atención de todo el mundo desde que hace unas semanas pudieron verse las primeras imágenes del aparato en Internet. Ese aparato es, como a buen seguro ya habrán adivinado, el ZX Spectrum Next.

En total, a mediados de 2017 estaremos hablando de nada menos que siete máquinas pugnando en un escenario que a principios del año pasado ni siquiera existía. Podrían citarse algunos motivos para justificar semejante explosión (el primero la buena acogida del Vega), pero llama la atención que se haya producido ahora y no en un momento a priori más propicio como habría sido el meridiano / fin de la pasada década, cuando todo lo relacionado con los años ochenta volvió a estar nueva (e incomprensiblemente) de moda. Y no sería por falta de intentos, que los hubo, si bien no dejaron de ser iniciativas casi amateurs (por llamarlas de algún modo) con escaso respaldo empresarial. El Vega y sus “sucesores” son otra cosa a excepción del ZX Uno, caracterizado por una filosofía más “casera” con la idea de resultar más barato y mantener, en cierta forma, una cercanía al usuario de la que carecen sus competidores, guiados por una motivación más industrial – capitalista (que ante todo buscan ganar dinero, vamos).

Esencialmente el Next guarda numerosas semejanzas con sus rivales, porque a fin de cuentas no deja de ser un circuito diseñado para comportarse como un Spectrum (ojo, no hablamos de emulación sino de “ser” un Spectrum) envuelto en ropa de diseño, en este caso un restyling de la carcasa del Spectrum+ en el que toma parte Rick Dickinson y que, sin mostrarse tan atrevido en sus formas como en el caso del del Vega, queda muy moderno sin perder el elegante clasicismo de la línea original. La diferencia estriba en que el sistema integra un microprocesador Z80 como el del Spectrum, aunque capaz de correr hasta a 7 MHz dependiendo de las circunstancias, lo que asegura compatibilidad con el hardware y el software del venerable Speccy… así como de todas aquellas máquinas a las que puede “suplantar”. Hemos dicho bien: el Next no se conforma con ser un Spectrum en sus diversas configuraciones (16 Kb, 48, 128 y hasta algún clon brasileño, que no en vano a la cabeza del proyecto se encuentran tres ciudadanos cariocas enamorados del Spectrum), sino que también puede convertirse en un ZX-80, un 81 e incluso en un Jupiter Ace, aceptando en cualquier caso la conexión de un casete para cargar programas directamente desde cinta. Todo sin menoscabo de añadidos obligatorios en cualquier computadora moderna, como la conectividad HDMI o una ranura de expansión para tarjetas SD, sin olvidar la posibilidad de conectar mandos para, por ejemplo, jugar “a dobles” con Match Day 2.

Los responsables del Next dicen que también se podrá adquirir en color blanco. Para gustos colores, nunca mejor dicho.

De este modo, el Spectrum Next queda configurado como un aparato muy sugerente; un proyecto que ya ha sido presentado en público por sus creadores, que así buscaban acallar los rumores de fake que lo rodearon tras su misteriosa presentación a través de las redes sociales, y que ahora andan a la caza de fondos para hacerlo realidad en su forma definitiva y costear el proceso de fabricación en serie. Para atraer inversores han dejado claro que cuanta más gente participe mejor, porque así se podrán fabricar (y vender) más unidades y se reducirá su coste individual, que ellos desean mantener por debajo del límite de las cien libras. Esto colocaría al Next en la línea de sus competidores, que tampoco son precisamente baratos, aunque juega a su favor con la baza de la mayor proximidad al estándar original (recordemos qué procesador monta) para atraer seguidores a su redil, amén de sus buenas (y variadas) prestaciones, que lo hacen ideal tanto para los fans del Spectrum más recalcitrantes como para quienes solo buscan pasar la tarde jugando mientras afuera llueve. Veremos en qué queda, pero no se puede negar que de un tiempo a esta parte la cosa se ha puesto muy pero que muy interesante.

Presentación del invento durante una exposición celebrada el pasado mes de abril. Intentando demostrar que Brasil es algo más que favelas, fútbol y samba.

Curriculum vitae

“Convenciste a tus padres de que te comprasen una computadora para ayudarte con tus deberes. ¿Cuántos currículums mencionan el Knight Lore?”

Esto lo he sacado de una página de Facebook llamada 8-bit Memes. Como esto otro:

Me ha hecho gracia porque de algún modo se refiere a algo que yo conté hace años aquí. Porque no deja de resultar ¿curioso? que detestes el colegio y luego te dediques a pasar horas (y cuando digo “horas” me refiero a “muchas horas”)… jugando a estar en el colegio. Claro que no sé vosotros, pero mi colegio era mucho más aburrido y no estaba poblado por gente tan carismática. Allí sólo había cretinos.

Hungry Horace

¿Que no? ¡Pues claro!

Para quienes aún no hayan pillado el chiste, vaya el vídeo adjunto a continuación:

Como el juego, el restaurante, existe, por supuesto. Y no es como uno de esos locales a los que Gordon Ramsay ayuda para cerrar poco después. Hungry Horace funciona desde hace años, y por si estáis interesados en acumular tejido adiposo comiendo en él, podéis encontrarlo en Redcar, un suburbio al este de Middlesbrough. A propósito, el restaurante abre a las 8:30 horas y cierra a las 15:30. Si alguno de ustedes es miembro de la “generación mejor formada” y casualmente está leyendo esto, sepa además que Middlesbrough está en Inglaterra. Lo dejo ahí para que saque sus propias conclusiones… si es capaz.

Clásico mantra laboral español: trabajar más horas asegura mayor productividad.

Fomentando el tabaquismo

El legendario Joe Strummer dijo en una ocasión que sin el tabaco no habrían existido muchos de los iconos culturales que la gente idolatra. Fumador y siempre encantado de hincharle los cojones a todo el mundo, lo dijo en un momento de creciente rechazo social al tabaco y hasta a los fumadores mismos, que cada vez más eran vistos como apestados y en efecto eran tratados como tales en virtud de una legislación progresivamente más restrictiva. Conste que yo no he fumado en mi vida y que las leyes que prohíben fumar en espacios cerrados me parecen correctas, sobre todo conociendo el pernicioso efecto del tabaco en la salud, pero admito que me cuesta imaginar a tipos como Humphrey Bogart o James Dean sin la especial elegancia otorgada por el cigarrillo que colgaba de sus labios casi de forma perenne; del mismo modo que James Bond no ha vuelto a ser el mismo desde que guardó para siempre la cajetilla de Players. Que yo recuerde ahora, entre los pocos famosos adictos al tabaco que consiguieron dejarlo evitando salir muy perjudicados en cuanto a estilo está Lucky Luke, a quien el dibujante Morris le cambió el cigarro por una ramita sin que el personaje perdiese su aire chulesco a la par que gracioso. Clara muestra de lo bueno que era en su trabajo.

Otro que no perdió nada de estilo dejando el tabaco. Al contrario, ganó un montón.

Evidentemente tampoco hace falta ser fumador (ni haberlo sido) para ser alguien estiloso llevando encima objetos relacionados con el tabaco. Entre los que más molan están los encendedores y en especial los Zippos. Qué les voy a decir si hasta el mismo Indiana Jones (que por cierto no fumaba pese a que en su época era de lo más habitual y casi obligado si eras hombre) siempre llevaba uno encima, al que llamaba “mi amuleto” porque en alguna ocasión le había ayudado a escapar de situaciones apuradas. El Zippo mola tanto que la gente atiborra Youtube de vídeos en los que enseña trucos para, por ejemplo, abrirlo y cerrarlo con una mano; si bien es posible aprender muchos más y más difíciles, al objeto de convertirte en el rey del bar y llevarte de calle a todas las tías sin necesidad de atiborrarlas de alcohol. Ya que hablamos de alcohol, el elemento más característico de los mecheros “tipo Zippo” (porque también se fabrican imitaciones más baratas) es, aparte del combustible que usan, su carcasa personalizable. Las hay de mil clases y diseños, pero hasta ahora no había visto una como esta:

Como no fumo y por tanto no le presto demasiada atención a este tipo de cosas, desconozco si este monísimo encendedor lleva mucho tiempo a la venta o si todos los fans del Spectrum que vayan por ahí fumando como chimeneas tendrán ya uno. Yo se lo vi hace unos días a un colega británico que lo compró en su país al fabricante, una empresa llamada Bomb Lighters que los vende también desde Amazon UK, anunciando que si te gustan más te vale correr, puesto que sólo han hecho 500. Aunque no fumes ni hayas llevado encima uno de estos mecheros siquiera como amuleto igual que Indy, hay que reconocer que dan ganas de pillarlo y ponerse a practicar “manualidades” con él para ser el tipo más chulo de la próxima convención retro a la que vayas a asistir, ganando de este modo por la mano (nunca mejor dicho) a toda la panda de inadaptados que acude a estos saraos.

 

Unos losers. Como tú, no lo niegues.

El resurgir de una guerra

La de los ochenta fue una década marcada por la “guerra” sostenida entre los numerosos fabricantes que luchaban entre sí por imponerse en un negocio, el de los ordenadores domésticos, que vivía un periodo de gran expansión. A poco que las cosas se hiciesen bien y se tuviese la necesaria pizca de suerte el triunfo estaba garantizado, por lo que muchas veces podía hablarse de una guerra literal, sin comillas, sostenida con una ferocidad inaudita para imponerse a la competencia. En ocasiones incluso a puñetazo limpio, como la vez que el mismísimo Sir Clive y su antiguo subordinado y ahora rival Chris Curry se liaron a tortas en un pub después de que el último pusiese a parir los ordenadores Sinclair en una campaña publicitaria. Pero nada como el enfrentamiento sostenido entre Commodore y la propia Sinclair a través de sus respectivos portaestandartes. En Estados Unidos el Spectrum nunca fue rival para el Commodore 64, pero en Europa fueron los grandes dominadores de un mercado que acabarían prácticamente repartiéndose, superando la posterior irrupción en escena de nuevos actores como Amstrad, que con su CPC siempre estuvo a su sombra a pesar de haberse vendido muy bien. Ahora, ambos actores principales parecen dispuestos a reeditar esa guerra: Sinclair inició las hostilidades hace un año con el Vega, y justo ahora que acaba de iniciar la producción de la nueva versión Plus (o +) sobreponiéndose a las tensiones internas que hace poco convulsionaron los cimientos de la compañía y pusieron en entredicho el nuevo proyecto, un grupo de empresarios acaba de anunciar el próximo lanzamiento de un Commodore 64 “Vega”.

En vista de la imagen adjunta, y dado que el proyecto acaba de ponerse en marcha a través de la típica campaña de captación de fondos por Internet, poco cabe decir por el momento de ambas máquinas. Habéis leído bien: ambas, porque son dos y no una las máquinas que The 64 Team planea lanzar a mediados del próximo año a un precio que oscila entre los 150 dólares del sistema de sobremesa y los 170 del portable, denominado SX en clara referencia al 64 portátil vendido por Commodore entre 1984 y 1986. Son precios equivalentes a los del Vega y el Vega + que permiten a cambio el acceso a unas prestaciones parecidas, juegos incluidos, aunque con el añadido de compatibilidad directa HDMI y la posibilidad de “multijoystick” para juegos multiusuario. Tras este proyecto se encuentran dos nombres muy conocidos entre los aún fanáticos del C64: Darren Melbourne y el webmaster de C64.com, Andreas Wallström, que justifican el lanzamiento simultaneo de ambos artefactos con un argumento muy cabrón, en plan pullazo: “No queremos caer en la trampa de lanzar el ordenador y doce meses más tarde la handheld. Queremos que quienes apoyen el proyecto tengan la oportunidad de elegir”. Chúpate esa Clive, so avaro.

Habrá que estar atentos, pero no me digan que la cosa no promete pese a que Commodore llegue, esta vez, más tarde de lo deseable. Porque me habría encantado observar un enfrentamiento entre el Vega y el nuevo C64 rememorando los viejos tiempos, con ambos sistemas (y sus correspondientes modelos) luchando a cara de perro por el favor de los usuarios.