Historia con dos pitones

Miércoles, 1. Septiembre 2010

Ayer me estuve echando unas partidillas al Olé, Toro. Me dio por ahí, después de muchos años sin haberlo tocado para nada.

Nunca he sido precisamente fan de la llamada “fiesta nacional” sino más bien al contrario, y desde bien niño además. Tampoco congenio con otros derivados taurinos como los encierros o las sueltas de vaquillas; y no a causa del sufrimiento que puedan sentir los animales, sino porque me parecen unas fiestas tremendamente aburridas. Pero una cosa es la realidad y otra muy distinta los videojuegos. Sin ir más lejos ya aproveché los pasados Sanfermines para escribir sobre Txupinazo!, que me parece uno de los juegos más simpáticos y divertidos que he visto nunca en MSX.

El Ole, Toro llegué incluso a comprármelo. En el Rastro de Madrid, en formato de copia pirata. Pero me lo compré, sí. Y nada más salir, a principios de 1986. En aquella época ya existía en España un cierto sentimiento antitaurino que empezaba a mostrarse públicamente incluso en las propias plazas de toros, algo inconcebible pocos años antes. Mismamente en la antigua plaza de Alcalá de Henares, recién reformada por entonces y con una lustrosa capa de pintura blanca cubriendo sus centenarios muros, no tardaron en aparecer pintadas con eslóganes provocadores. “Tortura no es arte ni cultura” era uno que se repetía varias veces, pero este otro se me quedó grabado a fuego: “Torero muerto, héroe nacional. Obrero muerto, accidente laboral”. Lo más curioso es que nadie borró la mayoría de aquellas pintadas hasta que la plaza fue demolida (para hacer pisos, of course) a mediados de los años noventa.

Francisco Hernando: “Es preferible clavarle el estoque a un joven hipotecado que a un pobre animal. Y encima se gana más dinero, oyes”.

Olé, Toro me pareció un juego de lo más original y además constituía un empeño muy difícil de abordar en un Spectrum, algo por lo que enseguida llamó mi atención aunque no fuese aficionado a la “fiesta”. Y teniendo en cuenta eso, que estaba destinado al pobre y misérrimo Spectrum, ciertamente no resultó ser un mal juego, aunque adoleciese de lo que un colega bautizó como “Síndrome de Ultimate”: unos gráficos de puta madre se contraponían a la jugabilidad, que resultaba discutible por decirlo de un modo suave. En aquel momento Dinamic se veía superada por el éxito logrado con Profanation meses atrás, y había entrado en una espiral muy peligrosa. Aquel mítico juego, del que en junio pasado se cumplieron veinticinco años de su publicación, marcó un camino a seguir que contagió a posteriores lanzamientos de la casa y acabó convertido en un torpedo directo a la línea de flotación de la compañía fundada por los hermanos Ruiz. Todos sus juegos a partir de Profanation seguían el mismo esquema: esconder tras unos gráficos cojonudos un desarrollo en plan de “para avanzar pulsa la tecla justa en el momento justo”, que acababa por resultar mecánico, reiterativo y, en consecuencia, aburrido.

Aprende el arte del bichicidio con el Spectrum.

Olé, Toro, como Sgrizam o West Bank, seguía a rajatabla la componenda: bastaba con no pulsar la tecla necesaria en el momento exacto para que el toro nos voltease. Un rollo, vamos. Por eso no tardó mucho en acabar relegado a las catacumbas de mi colección de cintas. La curiosidad que me llevó a gastar dinero en comprarlo, aunque fuese en versión pirata, enseguida se vio superada por el aburrimiento de no poder superar la suerte de banderillas con el primer toro, prueba que me resultó infranqueable durante mucho tiempo y que acabó colmando mi paciencia con el juego hasta mandarlo a la mierda.

En resumidas cuentas, la idea se quedó en una especie de rara avis typical spanish más destacable por la polémica que creó (sobre todo en Inglaterra, donde Olé, Toro fue molido a palos por la crítica y el público) que por sus cualidades. No obstante hay que reconocer que sus programadores le echaron pelotas, asumiendo una tarea casi irrealizable en una máquina como el Spectrum. Al menos la cosa les quedó medio decente, y a mi modo de ver tiene mucho más mérito que el posterior Torero; programa que llegué a probar hace un tiempo (sí, también, aunque esta vez sin comprarlo) para llegar más o menos a la misma conclusión que estos tíos.

¡Y eso que no me gustan los toros!

¡Esto SÍ es arte taurino, recoñe!

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La Biblia de Azpiri

Domingo, 29. Agosto 2010

Hace poco menos de un año la publicación de Spectrum provocó un pequeño terremoto en el panorama retroinformático, y puso nuevamente en boca de todos la figura de Alfonso Azpiri. El nombre de este sensacional dibujante, sin duda uno de los mejores que hemos tenido nunca, quedó indisolublemente unido a la llamada “edad de oro del software español”. Se echaba de menos una buena recopilación de sus muchos trabajos de aquella época, que en más de una ocasión eran mejores que los juegos en los que se utilizaban.

Obviamente esta no es la primera ocasión en la que se habla del libro. Ni siquiera en esta web, donde en su momento me hice oportuno eco de la repercusión que tuvo hasta en medios sin relación directa con los ordenadores o el retrogaming. De su éxito habla, además de eso, la gran cantidad de información o comentarios sobre él que pueden encontrarse en Internet.

Boceto y portada final de Rocky (1985), uno de esos ejemplos en los que una imagen vale más… que el videojuego al que presenta.

Me apetecía poner alguna foto de mi ejemplar particular, que compré a principios de octubre del año pasado cuando ni sabía que esto había salido a la calle. Ocurrió que lo vi en el escaparate de una tienda de cómics y rol mientras paseaba con mi novia por el barrio, y llamó mi atención como cualquiera se puede imaginar. Acabé comprándolo pese a que no veía claro eso de adquirir un libro de ilustraciones del que no sabía nada, que encima no podía ojear porque venía envuelto en plástico.

No lamenté la compra, por supuesto. He aprovechado la tarde del domingo, sentado tranquilamente en el salón de casa mientras la parienta veía la tele, para volver a repasar este compendio de bellas imágenes magníficamente presentado, como no podía ser menos tratándose de un libro como este. Alguna vez me comentaron que si algo se le podía echar en cara era que apenas tenía letra. Que no había anécdotas ni relatos sobre las ilustraciones, sobre procesos creativos o sobre metodologías de trabajo. Puede que sea verdad, pero soy de los que piensan que en casos como este una imagen vale más que mil palabras.

Retrato de Dios.

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Histeria de Ultimate (y III)

Sábado, 28. Agosto 2010

Finalizamos nuestro particular repaso a las aventuras y desventuras de esta portentosa compañía. Y lo hacemos con una Leyenda dedicada a… sí, bueno, a algo de lo que ya estaréis hasta los mismos webs porque Knight Lore es, casi con toda seguridad, el icono más representativo dentro del abrumador catálogo de software existente para el Spectrum. Pero siguiendo nuestra secular costumbre tratamos de abordar el tema con una óptica diferente. Que sí, que nadie pone en duda que el juego es la polla, que marcó un antes y un después en la historia de los juegos de ordeñador; pero si tuviera que escoger entre este y otro de los publicados por Ultimate en sus primeros días, os  garantizo que no vacilaría a la hora de hacer mi elección.

Leer El JUEGO con mayúsculas.

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Histeria de Ultimate (II)

Miércoles, 25. Agosto 2010

Seguimos recuperando los viejos artículos de El Spectrum Hoy protagonizados por la casa de software más famosa en la historia de nuestro amado cacharro. Pero como semos así y no cambiaremos nunca, porque nos gusta ir a contrapelo y tocando las pelotas al resto del mundo, volvemos a incidir en la etapa más sórdida de la empresa: la de su decadencia y posterior fin. Aquella época, marcada por el lastre del pasado y el miedo a romper con él en el futuro, dejó un sabor agridulce en líneas generales. Muchos no quisieron verlo en su momento, cegados de alguna forma ante la evidencia de que Ultimate ya no daba más de sí. Hoy día la gente prefiere recordar, de forma más que justificada, tiempos mejores en la trayectoria de la casa; pero a nosotros, insistimos, nos gusta ir a contrapelo y tocando las pelotas.

Leer Ultimate y su decadencia.

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Histeria de Ultimate (I)

Domingo, 22. Agosto 2010

Ultimate Play The Game, más conocida como Ultimate a secas. A la mayoría de la población actual, sea o no aficionada a los videojuegos, este nombre le sonará a serbocroata coloquial; pero para los que tuvieron la inmensa fortuna de tener un Spectrum en los años ochenta, citar a Ultimate es como si un talifán del rock ´n´ roll te habla de Elvis. Ultimate fue la compañía de videojuegos para Spectrum por excelencia, la que por sus méritos y su forma tan particular de funcionar se convirtió en el mayor referente con el que demostrar el potencial de una máquina muy limitada, para muchos incapaz de ofrecer juegos  de auténtica gran categoría, a la altura de lo que se podía hacer para cualquier otro ordenador de la época considerado potente. Ultimate superó todos los listones de calidad habidos y por haber, y pese a que en sus últimos años de vida no fue ni la sombra de lo que había sido, el crédito obtenido ante los aficionados era tal que cualquier novedad de la casa, por decepcionante que fuese, generaba más expectación y ocupaba más hueco en los medios que la más grande y mejor novedad de la competencia.

Un logo para la Historia. Así, con “H” mayúscula y subrayada.

Por todo esto no debe sorprender a nadie que Internet rebose de información sobre Ultimate hasta llegar casi a la sobrecarga. Cualquier página web que se precie en la que aparezcan retroinformática o videojuegos antiguos tiene un hueco reservado para la compañía y sus obras. Ni siquiera es preciso que la página en cuestión tenga que ver exclusivamente con el Spectrum para toparnos con buenos artículos sobre esta mítica casa de software.

Con toda lógica tampoco debe sorprender a nadie que El Spectrum Hoy le haya dedicado tiempo a Ultimate. Nueve años de zascandileos dan para mucho, y en ese tiempo varias son las ocasiones en las que hemos subido algún artículo protagonizado en exclusiva por esta cuadrilla de genios. No es para menos, porque hablamos de lo más cercano al fenómeno fan vivido por el software de entretenimiento en los años ochenta. Cada nuevo lanzamiento de estos tipos provocaba cuasi-histeria entre los hardgamers y los no tan hardgamers, hasta el punto de que llegar a tenerlo antes que nadie significaba convertirse en el centro de atención de la pandilla de amigos, al menos durante un tiempo.

Hugh Grant: “Mis primeros autógrafos los firmé porque fuí el primero de mi barrio en tener una copia de Knight Lore“.

Toca ahora rescatar esos artículos; y comenzamos por uno de los más antiguos, que centrado en 1985 versa sobre un periodo muy especial en la historia de Ultimate. Por aquel entonces la empresa se encontraba en la cumbre de su popularidad y capacidad creativa tras haber dado a luz un buen puñado de obras maestras. Una caída era previsible porque todo lo que sube baja, es de cajón; pero nadie esperaba que esa caída fuese a producirse tan rápido ni de una forma tan acusada.

Leer Ultimate: de la gloria al ocaso en un año.

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